miércoles, 27 de marzo de 2013

Yo no tuve infancia (parte I: series)


Antes de que el lector se lleve las manos a la cabeza pensando en una entrada de diván y taza de café con múltiples confesiones de traumas de mi memoria infantil, déjenme aclarar que no se trata de eso, ni mucho menos. El otro día estaba hablando con un amigo que me comentaba, indignado, lo mucho que ven los jóvenes de hoy en día la televisión, Internet y demás ocios electrónicos. Yo escuchaba atentamente, aunque nada indignado porque quizá tengo memoria, como creo que debería tener mi amigo, de que yo me pasaba las tardes enteras (es decir, el tiempo que me dejaban mis obligaciones de la escuela) viendo la televisión. Y cuando no eran series de televisión animadas o reales, eran películas, así que tanto me daba.

Puede que mi amigo tenga razón y que los niños de hoy en día se pasen más horas de las debidas frente a la tele o a la pantalla del ordenador (más de cuatro diarias, según las últimas encuestas oficiales en estos asuntos). En cualquier caso, creo que tanto él como yo pertenecemos a una generación donde, quizá por primera vez, la televisión ocupaba más horas de las debidas en el espacio de realización y desarrollo de nuestras mentes, y así nos hemos quedado todos o, por lo menos, un servidor (el que tenga dudas, que revise entradas anteriores del blog, y lo comprobará). Francamente, viendo esta lista de series de televisión y repasando las escasas virtudes de muchos de estos productos, y con contadísimas excepciones que dejo para el final, creo que lo raro es que no hayamos terminado peor.

1.- Transformers

La premisa argumental de esta serie es para echarse a temblar: en un planeta robótico viven dos especies de robots, los Autobots (que son muy buenos y tienen un logotipo muy chulo), y los Decepticons (que son muy malos y tienen un logotipo muy parecido al de la constructora ACS). Evidentemente, el enfrentamiento entre ambos era cuestión de tiempo, así que se lían a bombazos hasta que terminan destruyendo el planeta entero y deben trasladarse a otro campo de batalla, que lógicamente no podía ser otro que la Tierra. La serie recoge sus múltiples enfrentamientos con humanos de por medio, aunque las verdaderas estrellas son los robots con sus múltiples transformaciones en todo tipo de vehículos y objetos, con especial atención a los líderes de ambos bandos, Optimus Prime (el Mazinger Z de los 80) y Megaton. Lo cierto es que nunca me paré a pensar cómo es posible que los robots alienígenas tomasen aspecto de camión, avión o coches (e incluso cintas de cassette) de un planeta que no conocían mucho antes de viajar a él, por no mencionar que hablen el mismo idioma, pero entiendo que a los cinco años uno no está para cuestiones metafísicas. Yo a esa edad lo que más quería era tener al robot escarabajo amarillo de coche y mejor amigo para vivir estruendosas aventuras (hay que ver lo gratuitos que son los misilazos en esta serie), un sueño que Michael Bay se encargó de sepultar hasta el infinito con su indescriptible versión a imagen real de la serie en estos últimos años. Y por si fuera poco, ha recaudado una barbaridad indecente con unos bodrios que, no nos engañemos, no proceden de ningún material original privilegiado.

2.- G.I.Joe

Si la de antes era fuerte, agárrense que vienen curvas. Con la excusa de unos muñecos de acción para niños, Hasbro creó una serie animada para potenciar las ventas de dicho producto con un argumento que evidentemente, inspiró a George Bush hasta la náusea: un grupo de expertos soldados de élite norteamericano de muy distintas habilidades y recursos deben enfrentarse a lo largo y ancho del globo (que para eso son norteamericanos y pueden ir y destrozar lo que les dé la gana donde les dé la gana) contra unos malvadísimos terroristas llamados Cobra, que "para nada" tienen inspiración árabe ni en su logotipo ni en la vestimenta de sus soldados. Es todo de un cutrerío y de un patrioterismo yanqui de lo más penoso, pero lo peor es que yo de pequeñajo ansiaba ser uno mas de esos soldados y combatir el mal desde mi avión a reacción termonuclear. Y, por supuesto, tenía toda la colección de figuras, no se vayan a creer. Ya solo la secuencia inicial o el empalago de barras y estrellas debería haber puesto a toda la población infantil en fuga, pero lo peor de todo es esa pésima apología del militarismo que se hace, empleando todos y cada uno de los recursos con los que los malvados guionistas-terroristas de Hasbro sabían que nos tendrían dominados. Que luego hablen de la violencia en los videojuegos de hoy me da risa, y de la buena. En cualquier caso, esta serie también ha motivado a adaptaciones cinematográficas de lo más chusco (hay una secuela a punto de estrenarse de la infame primera parte). Pero claro, mientras la taquilla les dé la razón...

3.- Los Caballeros del Zodíaco

En nuestro particular descenso a los infiernos catódicos, damos aquí con otra piedra de toque fundacional para todo friki que se precie de serlo. La historia de Seya, un improbable joven japonés que es elegido como guardián de la armadura mítica de Pegaso y sus inenarrables aventuras con su panda de amigos por salvar a la siempre en apuros Atenea se ha convertido en un objeto de culto de lo más curioso. La serie no hay por dónde cogerla, con unos diálogos infames y unas situaciones que únicamente en la batalla contra los caballeros de oro tiene algo de interés. Más allá de eso, su estructura es siempre idéntica: Atenea se queda prisionera/enferma o al límite de sus fuerzas, y en un tiempo concreto sus muchachos deben combatir, uno a uno, a los secuaces del gran rival de turno (Saga de Géminis, Hades, Poseidón, etc.) hasta la batalla final en la que Seiya alcanza el nivel 5, 7 o 27 que le permite derrotarlo. Es siempre lo mismo, con inacabables parrafadas entre unos caballeros que, vistos hoy con cierta perspectiva, parecen todos bastante afeminados y no terminan de encajar bien con la épica de músculos y sudor que se les presupone. Al margen de una estética japonesa a más no poder que habrá a quien le guste y a quien no (a mí personalmente no me hace demasiada gracia), la serie pervive hoy a través de figuritas, videojuegos y algún que otro anime que mantiene viva la llama de esta particular constelación de estrellas de la tele. Ha envejecido fatal, eso es indudable, pero al menos no amenazan con adaptación al cine. De momento.

4.- El coche fantástico

Con Hasselhoff hemos topado. Madre mía. Este buen hombre, antes de calzarse ese bañador de tan dudoso gusto de Los vigilantes de la playa era ni más ni menos que Michael Knight (Miguel Caballero, para entendernos), una especie de agente secreto que se pasaba el día montado en un camión de mercancías con un señor mayor y una señora rubia muy atractiva hasta que, de pronto, algún malo tenía alguna mala idea que obligaba a Knight a resolverlo todo montado en su flamante coche fantástico, un pedazo de deportivo negro con inteligencia artificial y súper poderes (no volaba por poco, de hecho), que hablaba y tenía una luz roja súper chula en la parte frontal que hacía un ruido aún más chulo. Y además iba súper rápido. Y sus historias eran todas absurdas, pero daba igual, porque el coche era lo más de lo más y todos soñábamos con montarnos en él, tirar a Miguel Caballero de una patada en el culo de allí y buscarnos nuestras propias aventuras. Y no se sabe cómo, pero al final de cada capítulo el coche siempre terminaba activando su Turbo Boost (que no sé cómo demonios se traducirá) para dar saltos increíbles mientras todo explotaba a su alrededor. Aunque nadie moría, eso sí. Hasta ahí podíamos llegar. Hace un par de años se intentó una especie de relanzamiento de la serie que se pegó tal batacazo que no llegó ni a terminar su primera temporada, aunque allí estaba David Hasselhoff para su correspondiente cameo. Si es que a quién se le ocurre...

5. El equipo A

Si alguien pensaba que no podíamos caer aún más bajo tras el paso del inefable Hasselhoff por nuestra lista, aquí llega El equipo A para arreglarlo. Por todos los dioses del Olimpo (que son unos cuantos), esta serie es uno de los subproductos culturales más lamentables que recuerdo. Qué desastre de actores y de guiones, siempre iguales, con el civil buenísimo de turno en apuros al que ayudaba esta panda de fugitivos formados por Anibal Smith y su puro inacabable, el impagable mr. T con su aversión a los aviones, Fénix el guaperas y el payaso aquel que nunca recuerdo como se llama pero que a mí no me hacía ninguna gracia. En esta debían colaborar los guionistas de El coche fantástico porque al final también terminaba todo volando por los aires (especialmente los otros coches, que siempre salían disparados de la misma manera), y a pesar de los millones de balas gastadas no se vio una sola gota de sangre ni un solo herido o muerto en toda la serie (mala puntería, seguro). Y además salió Ana Obregón en un capítulo. Delirante. Obviamente, Hollywood no se pudo resistir a adaptarlo al cine hace poco, con el consecuente batacazo en taquilla (porque no salía la Obregón, no lo duden). Que no aprenden, oiga...

6.- McGyver

Si alguien no ha visto el capítulo de esta serie en la que el bueno de McGyver va a rescatar a una geóloga a un campamento de ETA, por favor que vaya ahora mismo a youtube y vea los cinco primeros minutos. La descripción sociológica del bueno de Mc sobre la banda terrorista española es una de las meteduras de pata más sonoras, dolorosas e impunes de la historia de la televisión, y solo por ello sus guionistas deberían pagar una multa histórica (y un perdón sincero a la asociación de víctimas del terrorismo, ya que estamos). Payasadas de guión al margen, esta serie también tenía a su héroe dispuesto a ayudar a los indefensos, con la particularidad de que el buen señor protagonista tenía la habilidad de juntar un chicle con una cuchara para fabricar un explosivo, y era capaz de barbaridades que harían temblar a todo el equipo del Hormiguero en pleno. Las situaciones eran inverosímiles, la resolución de los conflictos aún más chusca que en las dos series anteriores juntas (que ya es decir) y encima el personaje era tan plano que si se ponía de perfil apenas resultaba visible. Menos mal que de esta aún no amenazan con película, porque sería de juzgado de guardia. Ah, y si pensaban que en esta no salen misiles, ojito a la foto, que no tiene desperdicio.

7.- Oliver y Benji

El otro día traté de ver cinco minutos de un capítulo de esta serie para documentarme para la entrada y recordar viejos tiempos, y casi sufro una embolia cerebral irreversible. Puede que esta sea, con diferencia, la peor de todas las series de este listado, la más demencial, surrealista, inverosímil y aberrante de todas ellas. Ya no es solo por esos campos kilométricos donde los niños japoneses, más que jugar al fútbol, parecen estar corriendo la puñetera maratón y se perciba hasta la curvatura de la Tierra; ya no es solo que los diálogos sean para pegarse un tiro por tres sitios a la vez, o que sus personajes sean más arquetípicos que una bailaora ennoviada con un torero llamado Paco. Es que en esta serie el ritmo narrativo es soporífero, alargando las situaciones hasta extremos que uno ya no sabe si es para torturar las mentes infantiles o porque los dibujantes eran unos vagos redomados incapaces de hacer más de una animación y media por capítulo. El ascenso de Oliver hasta ser campeón del mundo es una historia tan rematadamente mal contada, y las tácticas futboleras tan esperpénticas y sonrojantes (la catapulta infernal, por Dios bendito y la Virgen pura, ¿es que no la recuerdan?), que eso de que los balones atraviesen la red y revienten las paredes parece casi hasta creíble en comparación. Qué lamentable homenaje al mundo del fútbol, madre mía, qué cosa más penosa...

8.- Dragon Ball

Vamos a terminar el listado con tres series decentes, (aunque, a fin de cuentas, después de McGyver y Oliver y Benji todo es ir a mejor por fuerza). Creo que, con diferencia, la serie a la que más estuve enganchado en sus dos primeras temporadas fue a Dragon Ball. La fiebre que había en España, y en buena parte del mundo, fue monumental y pegó con una fuerza que, sinceramente, no creo haber visto después nada parecido. Este cómic nacido de la mano de Akira Toriyama narraba las aventuras de Goku, un niño con prodigiosas habilidades para las artes marciales y una cola de mono (?), que salía en busca de siete bolas mágicas para pedirle al dragón Shenron el deseo de devolverle la vida a su querido abuelo, maestro y mentor del infante hasta su trágica y misteriosa muerte. Durante su viaje encuentra a decenas de personajes carismáticos y entrañables, como Bulma, Krilín o el maestro Mutenroi, y ha de enfrentarse a peligrosos enemigos como Piccolo o la enigmática organización Red Ribbon. Lo mejor de esta primera parte de la serie era la entrañable personalidad de su protagonista, al que su glotonería y pereza hacían amigo de cualquiera a los dos minutos. Goku era noble, simpático, inocente y tontorrón, y con su nube voladora y su palo extensible (y aquellas ondas vitales, no lo olvidemos) alimentó la imaginación de cientos de miles de niños que asistíamos emocionados a cada nuevo capítulo. He tenido ocasión de consultar el cómic en el que está inspirado, en una nueva edición a color que acaba de salir, y menuda maravilla. Ahora bien, también es de justicia señalar que a partir de un determinado momento (la tercera temporada, si no recuerdo mal), Goku crece y la serie se centra en la nueva generación, con su hijo Son Gohan a la cabeza. Y a partir de esa coletilla que se le añadió al título (Dragon Ball Z) a mí me parece que el asunto pierde toda su gracia, se tuerce y entra en otro terreno: las bolas mágicas pasan a un plano terciario, y todo se centra en combatir al gran villano de turno con una estructura repetitiva hasta la saciedad: Goku está enfermo/herido/viajando mientras toda su panda de amigos combate (y muere) a manos del villano, dándole tiempo al héroe a aparecer en el último minuto para enfrentarse interminablemente con el malísimo hasta que lo vence. De esa dolorosa victoria Goku sale herido, aparece otro villano y vuelta a empezar. Da igual que sea Vegeta, Freezer, Célula o Bu, es siempre la misma historia. Y, francamente, cansa ya tanto súper guerrero y tanta fusión. En cualquier caso, me quedo con la primera y original serie, que se puede revisitar en un magnífico juego para Nintendo DS (Dragon Ball Origins) con todo su encanto y esencia. Qué gozada.

(P.d: Y sí, sé lo que van a decirme algunos acerca de Dragon Ball Evolution, pero haremos como que nunca existió tal película, y todos tan felices.)

9.- He-Man

Reconozco que por esta tengo absoluta debilidad, más allá de la crítica objetiva que he intentado seguir en las anteriores. Es cierto que ha envejecido de forma espantosa, que tiene su pésima adaptación al cine ya desde los 80 y que, al igual que los muñecos patrioteros de G.I.Joe, esta se creó para vender las pertinentes figuras de acción. Sin embargo, no sé si por el aire pseudo conan estilizado (no por casualidad Mattel se desquitó con esta serie del "no" rotundo para hacer una adaptación de Conan el bárbaro), o porque me parece un universo fabuloso, imaginativo y lleno de posibilidades, pero He-Man ha sido siempre para mí el referente de las series de la infancia. No hubo otra que viera con más pasión ni siguiera con igual entusiasmo, o que tratara de recrear espada en mano con mi hermano por toda la casa. Es cierto que vista a día de hoy tiene momentos para la vergüenza ajena y diálogos lamentables, pero no más que otras consideradas clásicas o por encima de las aventuras del príncipe Adam (por cierto, ¿de verdad nadie se daba cuenta de que era He-Man? ¡Si solo se quitaba la camisa!). Por lo demás, tiene una secuencia de créditos perfecta y, para colmo, Skeletor es un villano ejemplar, con mezcla de patetismo y horror en esa calavera tan extrañamente integrada en su cuerpo azul. De todas las series que recuerdo, esta es con diferencia la que posee una mayor carga mítica a sus espaldas.

10.- David el Gnomo.

Dejo para el final la que considero, a día de hoy, como la serie con más calidad de todas las que tuve el "honor" de ver durante mi infancia. Se trata de una producción europea que se emitió en España durante buena parte de los 80 y 90 en diferentes versiones, y que recogía la vieja leyenda de los gnomos y los trolls con un aire simpático y desenfadado. Me quedo con la primera temporada, de 26 capítulos, que contaba la vida de David y su esposa Lisa, ya que considero que las demás son inferiores en mérito y alcance. Sin embargo, esta primera serie tenía unos valores de producción muy por encima de la media, y aportaba a sus historias un mensaje ecológico, solidario y lleno de ética que me parece sencillamente inmejorable. El detalle con el que se recrean paisajes naturales, animales y las relaciones entre ellos son impresionantes, y todo el universo de los gnomos y los infinitos detalles de su vida, de sus hogares en las raíces y de sus vínculos es tan entrañable, tan cuidado y tan especial que hacen de esta serie algo inigualable en su época. Por supuesto, ahí están siempre los trolls para animar la fiesta con sus torpes planes y el ingenio de David, siempre un paso por delante del resto, para solventar todos los problemas. Recuerdo haber visto de bien pequeño el final de esta primera temporada, con aquella imborrable escena en la que David y Lisa, terminado su ciclo vital, acuden a una especie de paraíso donde se convierten en árboles que enlazan sus manos por toda la eternidad, mientras el fiel zorro Swift lloraba su pérdida, y aún se me pone la carne de gallina. Es la historia de amor, amistad y lealtad más hermosa que he visto jamás en una serie infantil, y por ello y por el modo tan ejemplar en que se desmarca de las aberraciones más arriba comentadas, no puedo más que recomendarla encarecidamente. Es una obra de arte.


P.d: He dejado fuera de la lista algún que otro clásico de la animación e imagen real como "El inspector Gadget", "Alf", "Fly", "El príncipe de Bel-Air", "Thundercats" o "Dragones y Mazmorras" porque tampoco les dediqué el mismo tiempo que a las del top 10 (y porque si no esta entrada sería eterna, para que vamos a engañarnos). En cualquier caso, el que las haya visto o quiera añadir algo sobre estas u otras series, será más que bienvenido al blog, como siempre.

1 comentario:

alejandro vizcaino dijo...

nostalgia y alegría.

Antes de nada si que creo que hay un par de diferencias entre nuestra infancia y la actual.

Por un lado, nosotros no teníamos a nuestra disposición la cantidad de canales infantiles y temáticos. Nosotros llegábamos por la tarde y veíamos (siempre en horario infantil) esos programas que abarcaban series, concurso etc Cómo no recordar el club Megatrix o el progama de Miliki y Rita.

Creo que el tener tanta variedad en la actualidad, genera que no se centren en disfrutar de una serie en concreto, y acaben dispersos entre tanta opción. Y creo que esto afecta a las series, de manera que hay muchas de pésima calidad y refritos de las antiguas que no se aguantan ni 5 minutos.


Al leer las series que has escogido, no puedo parar de recordar buenos momentos, y en casi todas comparto ese sentimiento de nostalgia. Alguna vez me ha picado el gusanillo y me he lanzado al Youtube en busca de mis recuerdos. Pero creo firmemente que el recuerdo es infinitamente superior a la realidad.

He-man es sin duda una de las series que más me ha marcado. Tenía la espada famosa, y cientos de muñecos. La pena es que no se donde han acabado. Como bien dices hay una película, que en su momento me parecía la mejor del mundo… En la actualidad hay un refrito de la serie, que es bastante penoso, pero que en los primeros capítulos cuentan la historia de Skeletor. Y en 2014 /2015 se va a lanzar otra película.

Pero lo que me ha motivado a escribir este comentario, ha sido sin duda, que no menciones la peor y más absurda de las series. Turbo Teen. Eso es!! Un adolescente, que por enredar con no se que experimento se fusiona con un deportivo rojo. Si señor! Él es completamente normal, salvo que por algún casual ingiera alguna bebida o comida caliente. En ese momento se transforma en un coche. No recuerdo más.

Se me ocurren miles de series, como las tortugas ninja o una de unos coches espaciales que luchaban con una raza de alienigenas que eran plantas o Bravestar el sherif intergalactico, o la de Star Wars de los droides.

Bueno miles de recuerdos, y horas pegado a una televisión. Coincido en que las horas que pasabamos antes y ahora son muy parecidas, pero siento pena por la generación que se ha perdido una época de oro de la animación.

Pdt: Sin mencionar que muchas de las series, venían dobladas al castellano latino!!!