miércoles, 9 de enero de 2013

La consola del mes (1): Sega Mega Drive (1990-1995)


Algunos lectores del blog me han señalado, y con bastante razón, que no ven mucho sentido a que mi Top 20 contemporáneo siga avanzando más allá del número diez cuando aún falta uno o dos años para que finalice oficialmente la séptima generación, que es cuando se calcula que saldrán al mercado las nuevas versiones de Playstation y X-Box. Ya digo que no les falta razón, y que de hecho tenía pensado dar tiempo a que joyas como The Last of Us, Beyond Two Souls y alguna que otra sorpresa más se vaya incorporando al catálogo definitivo de esta moribunda generación y aclarar así el top diez definitivo, sobre el que aún tengo bastantes dudas.

No obstante, y dado que un servidor es demasiado aficionado a esto de las consolas como para tener el tema en barbecho durante un año o más, me he propuesto hacer un homenaje mensual a cada una de las consolas que han ido creando mi afición por este universo del ocio digital desde hace más de dos décadas. Hubo otros sistemas antes y seguramente más determinantes para el futuro de la industria, como la ya casi legendaria NES, pero el que esto escribe, por suerte o por desgracia, no llegó a disfrutarlas ni con pleno conocimiento ni sin él, como sí ocurrió a partir de la siguiente generación. Por ello, voy a seguir un orden cronológico en el que, además de contar anécdotas y curiosidades sobre cada uno de los sistemas y un resumen de su ciclo vital, haré un repaso de sus diez juegos más significativos (brevemente, que nadie se me asuste). Y como no podía ser de otra forma, me toca empezar por uno de los sistemas que con más cariño recuerdo, por haber sido entre otras cosas mi primera consola y la que, además, me dio la bienvenida a los videojuegos de una forma inolvidable: me refiero, lógicamente, a la Sega Mega Drive.

El Hardware.

Lanzada a finales de octubre de 1988 en Japón, la pionera de la cuarta generación no llegaría a Estados Unidos hasta un año más tarde, y otro año más sería necesario para que la viéramos en España. La idea de Sega era barrer a todos sus rivales en el sector, tras el fallido intento de combatir a Nintendo con aquella pobre Master System que nada pudo hacer frente a la NES y su fontanero amante de las setas. Por ello, realizó una gran inversión y finalmente lanzó al mercado un hardware con una CPU Motorola 68000, de 16 bits y a unos (por entonces) poderosísimos 7.61 megahercios. La Sega Mega Drive (Sega Genesis, en USA) era una consola muy potente, capaz de poner en pantalla una paleta de colores espectacular y a una velocidad antes impensable. Más de 40 millones de unidades vendidas durante su ciclo de vida son el principal argumento del éxito de una consola que durante un breve período de tiempo llegó a dominar el mercado americano, aprovechando el lapso  entre el fin de vida de la NES y la llegada de la que sería su gran rival y a la postre vencedora de la batalla de la cuarta generación, la Super Nintendo.

Aquellos años de entre 1989 y 1991 fueron fundamentales en la historia de Sega porque, coincidiendo con el lanzamiento de su nueva mascota, Sonic, y de grandes juegos que han adquirido categoría de culto alcanzó una gran popularidad y un número de ventas masivo (casi el 60% de la cuota de mercado, en su punto álgido). Con la llegada de Sonic 2 en 1992 tocó un techo que, por desgracia para todos sus fans, ya nunca más volvería siquiera a vislumbrar. Pero vayamos por partes.

Hay factores clave que explican el declive de Sega más allá del incontestable éxito de la Super NES, de la que ya hablaremos en la siguiente entrada, y que tienen que ver con errores garrafales de gestión por parte de la propia empresa de Tokio. De todos ellos, el que con diferencia más confundió a sus usuarios y empañó la exitosa trayectoria de Mega Drive fue sin duda el innumerable desfile de periféricos absurdos que tenían como objeto potenciar una consola que, evidentemente, se iba quedando obsoleta con el paso de los años.

El primero de estos monstruos, en el peor de los sentidos, fue el Mega CD. Se trataba de un lector de CD, que por aquel entonces era el no va más en tecnología punta, que se acoplaba debajo de la consola (en un lateral, en versiones posteriores), y que funcionaba con discos propios. A pesar de tener un par de títulos notables, como Sonic CD o Batman: Returns, la mayoría de sus juegos abusaban de unas escenas de vídeo con una definición lamentable y un nulo interés en la jugabilidad, un error imperdonable cuando se trata de videojuegos. Mega CD tiene el dudoso honor de tener algunos de los peores juegos de la historia, como el inefable Night Trap o Corpse Killer (recomiendo verlos en youtube para combatir momentos de extrema depresión). El problema de estos dos juegos, ejemplos de una larga lista de fracasos, fue la insistencia de las compañías en hacer uso de la técnica del Full Motion Video (FMV), una especie de combinación de píxeles con imagen real pre-grabada que, dadas las grandes limitaciones técnicas de Mega Drive, eran incapaz de dar un resultado mínimamente satisfactorio. Lo peor, insisto, era que a la hora de jugar aquello no había por dónde cogerlo, de modo que en poco tiempo la revolución del CD quedó reducida a ceniza.

El segundo y definitivo error de Sega fue que, cuando ya se empezaba a hablar de la quinta generación (y de hecho la propia Sega estaba desarrollando la Sega Saturn, de 32 bits), lanzó un catafalco llamado Sega 32-X que se colocaba encima, como si fuera un cartucho, y que a pesar de su rimbombante nombre no era en propiedad una consola de 32 bits, sino una especie de emulador parcheado de mala manera. A pesar de los intentos de Sega por dotar a este periférico de juegos de mayor mérito que a los del Mega-CD, como Star Wars Arcade, Virtua Fighter o Virtua Racing Deluxe, las desarrolladoras la abandonaron prácticamente tras su salida, en favor de desarrollar juegos para las futuras consolas reales de 32 bits, por lo que el sistema se hundió nada más ser lanzado: un descalabro en toda regla que no se puede entender, de todos modos, sin un dato clave: 32-X fue desarrollado por Sega América mientras Sega Japón estaba terminando Saturn. Lo divertido de todo esto es que los chicos de Japón "olvidaron" mencionar el desarrollo de Saturn, que cuando finalmente fue anunciado, apenas unos meses después del lanzamiento de 32-X, condenó definitivamente al periférico al olvido mientras en Sega América aún no se podían creer lo que acababa de pasar. Qué desastre.

En cualquier caso, y para cuando llegó el fin de ciclo de Mega Drive, lo cierto es que pocos teníamos ya demasiada ilusión por su siguiente proyecto, con tanto mareo y tanto cable (cada periférico tenía sus propias fuentes de alimentación, lo que podían convertir tu salón o dormitorio en un auténtico laberinto de cables). La consola había contado con un excelente catálogo y juegos inolvidables, pero desde la salida de Super Nes sus fans tuvimos que aguantar que todos los juegos multiplataformas fueran siempre mejores en Super Nes, que tenía mayor potencia y una tarjeta gráfica y sonora realmente superiores, y los exclusivos fueron haciéndose cada vez más repetitivos y aislados en el tiempo. No obstante, este particular top 10 que viene a continuación intenta ser un homenaje a una consola de un catálogo muy destacable que, no obstante, nunca cumplió lo que aquellas agresivas campañas de publicidad de Sega anunciaban a los cuatro vientos (Sega does what Nintendo'nt: Sega hace lo que Nintendo no): en realidad, y por mucho que me duela, más bien fue al revés.

El Software

1.- Sonic the Hedgehog 2

Dentro de los puristas "segueros", siempre habrá quien ponga esta o aquella entrega de la mascota de  Sega en el primer puesto. Seguramente, por su importancia para la propia consola y la compañía, la primera de las entregas quizá fuera la más determinante, pero siempre he pensado que su secuela elevó el listón a un nivel sencillamente insuperable. Tanto por la incorporación de Tails y su posibilidad del modo cooperativo (que se mantuvo en secreto por la propia compañía, alimentando todo tipo de teorías, a cual más curiosa), como por la variedad y cantidad de niveles y situaciones de juego, Sonic 2 se fue a un nivel donde solo están los más grandes. Es cierto que en ocasiones su altísima velocidad hace que pierdas el control del propio Sonic, que sale disparado hasta para sí mismo, pero es que cada detalle de cada nivel tiene tantísima calidad, cada música es tan adecuada y cada enemigo final tan desafiante (¡y vaya fases de bonus!) que uno no puede dejar de pensar en este título como uno de los plataformas más grandes de todos los tiempos. Y todo esto sin olvidarnos de un Sonic en plenitud, lleno de recursos y que lleva con todo su carisma las riendas de un juego que, como guinda, ofrecía la posibilidad de convertirse en Súper Sonic si se reunían todas las esmeraldas, algo que en aquella época de fiebre dragonballiana era toda una gozada y que también repetiría en la tercera parte. Una obra maestra.

2.- Streets of Rage 2

La razón por la que muchos se compraron una Mega Drive, Streets of Rage 2 se convirtió desde su misma salida en un clásico imperecedero. Este juego de acción en tercera persona tenía el nivel técnico de cualquier recreativa de éxito de la época, una jugabilidad a prueba de bomba y un modo cooperativo que era un auténtico vicio. A ello sumaba una banda sonora apabullante y magistral de Yuzo Koshiro, que desde el primer nivel introducía al jugador en un fabuloso ambiente suburbano y llevaba al límite las posibilidades sonoras de una Mega Drive que a nivel musical no daba para más. Variado, largo y dinámico, el juego permitía la posibilidad de controlar a cuatro personajes con diferentes habilidades (Axel, Blaze, Skate y Max), que repartían estopa a lo largo y ancho de más de treinta niveles repletos de enemigos variados aunque, eso sí, sin demasiada cabeza a la hora de enfrentarse a nosotros. Por mucho que sus secuelas trataron de repetir la fórmula, este juego permanece como la cúspide de un género clásico de esta generación (a su lado la excelente primera parte parece un juego menor, con eso lo digo todo) y hoy en día arrasa en las tiendas virtuales, tras haber salido prácticamente en todos los formatos posibles. Un exclusivo de lujo en su época que Super Nintendo no pudo mejorar, por más que lo intentó con sus Final Fights y demás sucedáneos.

3.- FIFA International Soccer

Aunque pueda resultar pleistocénico en la comparación con las modernas versiones actuales, lo cierto es que el primerísimo de todos los FIFA fue una revolución sin precedentes en cuyo género lo que predominaban eran juegos menores como Soccer, World Cup Italy '90 e incluso una infame versión de Capitán Tsubasa. (No me olvido tampoco de Sensible Soccer, que para mí es un clásico pero, sinceramente, de fútbol tiene muy poco). EA Sports realizó un trabajo soberbio que exprimió la 16 bits de Sega como nadie hasta entonces, convirtiéndose sin problema alguno en el mejor juego deportivo de toda su generación. Es cierto que luego llegaron juegos notables, como el International Superstar Soccer, la respuesta de Konami en Super Nintendo, pero no llegaron ni de lejos a alcanzar la cota de realismo y diversión de este magnífico simulador, el primer grande de entre los grandes. Gráficos detalladísimos en perspectiva isométrica, una selección de plantillas sin rival y una jugabilidad que dejaba atrás todo lo visto anteriormente, tanto por su exigencia como por la satisfacción que provocaba llegar a dominar sus pases, tiros y jugadas, que hacen de este juego (y sus casi idénticas secuelas para Mega Drive) una de las sorpresas más agradables y bienvenidas de la cuarta generación.

4.- Sonic 3 & Knuckles

 Cuando salió al mercado en 1994 recuerdo perfectamente la enorme campaña mediática que acompañó a este juego, en el que Sega había depositado tantísimas esperanzas. Sonic 3 era un juego que Mega Drive necesitaba como agua de mayo para desquitarse de todos los éxitos de su gran competidora y para demostrar que los exclusivos de Sega podían ser tanto o más fuertes que los de Nintendo. Sonic 3 ofrecía unos gráficos mejorados, un nuevo rediseño de Sonic (para mí, el definitivo), una mejora notable en la velocidad del juego, con unos personajes ahora mucho más controlables, y una serie de habilidades nuevas, como el escudo de fuego, el eléctrico o el de agua, además del enigmático personaje de Knuckles (el último gran héroe de la saga, a mi parecer; todos los bichos que han llegado después son lamentables).  Pero por encima de todo, Sonic 3 introducía la opción de salvar partida, algo esencial para completar el juego al 100% y que a la franquicia le venía pero que muy bien para añadirle más profundidad.

No obstante, y a pesar de que su diseño de niveles era perfecto pecaba de corto, ya que tenía la mitad de niveles que Sonic 2. Todo esto quedó explicado, y de qué manera, cuando tan solo un año después salía al mercado Sonic & Knuckles, juego desarrollado a la par que la tercera entrega y que, aunque podía jugarse como juego independiente, era en realidad una ampliación de Sonic 3. El juego se podía abrir por una ranura donde encajaba Sonic 3, permitiéndonos jugar con Knuckles por caminos alternativos que siempre habían estado ahí, inaccesibles para Sonic y Tails y, lo mejor de todo, acumular nuestras partidas guardadas, con las vidas y esmeraldas acumuladas, para un total de 14 niveles (7 de cada juego). Pero es que la cosa no acaba ahí: si se metía el cartucho de Sonic 2, ¡también podíamos jugar con Knuckles! Es difícil explicar la revolución que supuso este juego para un fan de Sonic como un servidor, pero baste decir que colmó todas mis ansias de erizo azul para el resto de mi vida. Por todas las opciones que ofrece es el Sonic más completo de todos, el más depurado y el más equilibrado, aunque mucho me temo que no alcance la genialidad de Sonic 2. Esto se debe a que las fases de Sonic & Knuckles, aunque divertidas, están realizadas de una forma pobre y algo apresurada, que contrastan enormemente con el soberbio diseño y realización de Sonic 3, lo que hace que el conjunto resulte más irregular que la segunda parte. En cualquier caso, todas sus demás virtudes lo convierten en otra obra maestra del Sonic Team.



5.- Flashback

Quizá una de las más grandes, complejas y mejores superproducciones que salieron en esta consola en toda su historia. Es cierto que se trata de un juego multiplataforma pero existe un cierto consenso en que la versión de Mega Drive es, con diferencia, la mejor de todas. No en vano fue en este sistema donde se convirtió en un gran éxito de ventas. Flashback narra la historia de Conrad, un agente del GBI (Galaxy Bureau of Investigation, homenaje obvio al FBI), que descubre un complot de una raza alien para dominar el planeta Tierra y es abandonado en un planeta con sus recuerdos borrados de su memoria. Con ayuda de una serie de mensajes dejados por sí mismo, el personaje deberá regresar a la Tierra superando todo tipo de pruebas y obstáculos, en una fascinante aventura de acción, puzzles y plataformas en tercera persona.

El juego combina secuencias con captura de movimientos y dibujo animado, que te hacían sentir como en una película, mientras que el gameplay recordaba a una versión modernizada de Prince of Persia de una calidad gráfica soberbia. Conrad es capaz de hacer todo tipo de virguerías, saltos, agarres y ejecuciones de disparos con un nivel de realismo espectacular, algo que en 1992 de verdad resultaba diferente, original e innovador. En el juego tenemos que interactuar con otros personajes, intercambiar objetos e incluso realizar trabajos para conseguir dinero que nos permita seguir avanzando a otros planetas. Y a todo eso suma unas geniales escenas de acción a tiro limpio, con giros y volteretas incluidas ante aliens que se desmaterializan ante nuestros ojos, que son una barbaridad por su nivel de ejecución y adicción. Flashback obligaba al jugador a estrujarse la cabeza con puzzles de lo más enrevesado y, sobre todo, una historia que iba ganando en complejidad hasta llegar a unas escenas finales, ya en el planeta de los aliens, sencillamente magistrales. Un juego adulto, largo y absorbente que demostró un salto cualitativo en el nivel de madurez del sector, y que en su versión de Mega Drive alcanzó un listón al que solo los más grandes son capaces de llegar.

6.- Ecco the Dolphin

Cuando uno piensa en la cantidad de juegos clónicos que pueblan el catálogo de cualquier sistema, como ocurría con las aventuras en tercera persona en el caso de los 16 bits o de los disparos en primera persona en esta última generación, existen también algunas rarezas que son las que establecen el verdadero nivel de calidad de software. En el caso de Mega Drive, esta excepción tenía nombre y apellidos, y no estaba protagonizada por ningún aventurero intrépido, sino por un delfín llamado Ecco.

La aventura comenzaba con un ecosistema pacífico que era asaltado por una fuerza desconocida, que Ecco debía identificar viajando por una serie de mundos acuáticos, caracterizados por su ambiente enigmático y fabuloso. El detalle con el que estaban hechas las criaturas marinas, los movimientos y la suavidad del control eran sencillamente perfectos. Realmente uno tenía la sensación de estar inmerso en el mar, aunque lógicamente era un mar laberíntico plagado de rutas, templos sumergidos y secretos para que el jugador fuera avanzando en la historia. A mí siempre me pareció que la historia de los alienígenas estaba metida con un poco de calzador, pero realmente solo afectaba a la última parte de un juego que resultaba distinto y muy original, además de contar con una factura técnica impecable. Su secuela, Tides of Time, fue también recibida en Mega Drive con aplauso de crítica y público, lo que originó posteriores versiones en sistemas como Dreamcast, donde la técnica llevaría a Ecco a mundos tridimensionales de los que quizá haya ocasión de hablar en otro momento.

7.- Jurassic Park

Uno de los axiomas o principios básicos de la historia de los videojuegos es que su relación con el cine ha sido siempre muy conflictiva, por decirlo de un modo suave. No existen juegos que hayan sabido pasar al celuloide, y respecto a los grandes éxitos de taquilla que han intentado pasar al universo digital, los fracasos son tan estrepitosos que no sé bien por dónde empezar. Existe, no obstante, una notable excepción que fue, además, uno de los exclusivos de Mega Drive más celebrados de todos los tiempos: Jurassic Park.

Mientras que la versión de Super Nintendo y PC ponía a un improbable Alan Grant con un lanzagranadas a destruir dinosaurios en perspectiva cenital, la versión de Sega Mega Drive fue desarrollada por uno de los equipos propios de la compañía, Bluesky Software, que dedicó más de 15 meses a investigar sobre los dinosaurios de la película y el modo más fiel de representarlos. Esto fue posible gracias a una sorprendente técnica en 3-D llamada Stop Motion Photography, para la que utilizaron maquetas de gran calidad que recreaban fielmente al Tiranosaurio, Velociraptor, Triceratops y un largo etcétera de animales que incluían también a dos grandes protagonistas de la novela, el Procompsognatus y el Pteranodon, ausentes en el film. El juego era una aventura de acción lateral donde el jugador podía optar por la historia de Alan Grant, que debía sobrevivir (de un modo más realista que en otras versiones, con dardos tranquilizantes) o bien ponerse en la piel de un Velociraptor. Para un auténtico fan del libro y de la película como yo, poder disfrutar de escenas como la de la balsa, que también quedó fuera de la película por razones de presupuesto, o poder meterme en la piel de un dinosaurio fue sencillamente impagable. Es un auténtico juegazo, con una dificultad endiablada y unos valores de producción altísimos para la época (tanto fue así que Sega realizó una conversión directa a recreativa, algo que jamás había ocurrido hasta entonces, ya que la dirección solía ser la contraria, de recreativa a consola). El duelo final en el centro de visitantes entre Grant y el Velociraptor es una pasada, y todas y cada una de las intervenciones del Tiranosaurio son para quitarse el sombrero, por la calidad tan impresionante con que está realizado. Una maravilla, en definitiva, a la altura de su propio mito.

8.- TNMT: Hyperstone Heist

Hay gran división de opiniones acerca de cuál es la mejor adaptación de la fabulosa recreativa que a principios de los 90 explotaba el fenómeno de las Tortugas Ninja (cada juego que comento saca más y a peor el friki retro que hay en mí, lo lamento). Y es que este auténtico torbellino de masas conoció una adaptación sensacional en Super Nintendo bajo el título de Turtles in time, con las tortugas metidas en un embrollo espacio temporal, mientras que la también excelente versión para Mega Drive, algo más fiel a la recreativa, nos ponía en la piel de Leonardo, Rafael, Michaelangelo y Donatello para recuperar un artefacto con poderes altamente destructivos que el Despedazador y Krang habían utilizado para hacer desaparecer la Estatua de la Libertad. Sí, sé que el argumento es una soberana tontería, pero en realidad todo era una excusa para recorrer más de una decena de niveles ambientados en la serie de dibujos, con sus villanos más reconocibles en papeles estelares.

El juego era endiabladamente divertido, y aunque lógicamente no soportaba el modo para cuatro jugadores de la recreativa, tenía un cooperativo sensacional. Los movimientos de los personajes eran clavados a los del arcade, y tenía la suficiente variedad de situaciones como para no aburrir en ningún momento. Obviamente no está a la altura de los otros clásicos mencionados (aunque es, con mucha diferencia, el más caro en las subastas de segunda mano de Internet, donde he visto precios en torno a los 150/170 euros por el juego con caja e instrucciones), pero me parecía un crimen dejarlo fuera del top 10 con tantísimas cualidades como tiene, y por su condición de exclusivo de facto (el de Super Nintendo poco tenía que ver con este, y a mi juicio queda un paso por detrás en varios aspectos técnicos y jugables, aunque mucho me temo que ése es un debate que no tendrá fin).

9.- World of Illusion

De todos los juegos de Mega Drive, este es uno por los que siento un cariño más grande. Fue uno de mis primeros juegos del sistema junto con el primer Sonic, y creo que sería incapaz de decir, por vergüenza torera, la cantidad de horas que mi hermano y yo le habremos echado a este fabuloso World of Illusion. Aquí sí que Super Nintendo se tuvo que aguantar las ganas de tener siquiera una sombra equivalente a este juego, porque mucho me temo que no hay nada parecido en todo su extenso (y excelso) catálogo. Esta aventura ponía a Mickey y a Donald a recorrer muchos de los mundos más representativos de la franquicia Disney para romper un mágico hechizo, enfrentándolos a villanos tan carismáticos como Madame Min (de Merlín el encantador). Todo era una excusa, lógicamente, para poner a dos personajes de una enorme presencia a recorrer en equipo mundos con unos diseños absolutamente sensacionales, con momentos tan espectaculares como esa estantería plagada de sorpresas, como la pecera que lleva al mundo acuático o la caja de Navidad que lleva a un universo navideño. Lo mejor de todo era, sin embargo, que el juego contenía tres juegos en sí, dependiendo de si uno prefería jugar a solas con cualquiera de los personajes (en cuyo caso cada uno tenía niveles exclusivos) o bien prefería jugar en cooperativo, donde la interacción entre ambos personajes era imprescindible para seguir avanzando. Fases tan memorables como la del mundo acuático, con Donald y Mickey metidos en sendas burbujas, o la del bosque de Alicia en el País de las Maravillas se me han quedado en la retina junto con una banda sonora que es de lo mejor que conoció el sistema. Dentro de un catálogo plagado de epígonos de violencia gratuita, World of Illusion es mucho más que un soplo de aire fresco: es uno de los exclusivos más impresionantes, por la enorme calidad que atesora, de todo el catálogo de Mega Drive.

10.- Sonic the Hedgehog

Hay una serie de juegos cuyos personajes, como le pasó a Super Mario Bros en los ochenta o a Lara Croft a mediados-finales de los noventa, que adquirieron una categoría de culto muy por encima de cualquier expectativa. Algo parecido le ocurrió a este erizo que, a principios de 1990, apareció como un huracán para cambiar radicalmente el panorama de los videojuegos y proyectar una sombra que, con sus más y sus menos, ha llegado hasta hoy día superando con creces el mito de Lara Croft y quedando por debajo, eso sí, del fontanero de Nintendo.

Sonic the Hedgehog es mucho más que un juego. Es un símbolo. Es la demostración de que un equipo de desarrollo, liderado por Yuji Naka en este caso, era capaz con tiempo y paciencia de crear una obra maestra que, a la postre, modificaría toda la estrategia de una compañía hasta convencerla de que era rentable vender la consola con un juego emblema, (y de que Alex Kidd era una porquería de mascota, por cierto), e incluso de que llegara a orientar toda su campaña de publicidad e imagen en torno a este nuevo icono. Sonic apareció, vio y venció como los conquistadores antiguos, con unos niveles plagados de plataformas, loopings y velocidad endiablada. Era un personaje carismático y entrañable, capaz de conectar con el público infantil-juvenil de un modo que Mario jamás había logrado hasta entonces, y es que además protagonizaba un juego largo, divertido y soberbio en casi todos sus aspectos. Las desventuras del erizo por devolver la paz a un bosque asolado por las maquinaciones del doctor Robotnik llevan a Sonic por un universo plagado de naturaleza, ciudades, templos y factorías que no hacían sino asombrar a cada paso a un jugador que no daba crédito a lo que veía. El juego ofrecía acción directa y exploración, según el interés del jugador, siendo en ese sentido más profundo de lo que muchos pensaron en su momento. A eso sumaba un diseño de producción fabuloso, unos enemigos robóticos sensacionales y una banda sonora perfecta. Fases como Starlight Zone o la icónica Green Hill se han convertido en un paisaje ineludible del videojuego, y su mascota sobrevive a las barrabasadas de una compañía que lleva más de una década en la deriva más absoluta. No importa. Nada ni nadie puede con Sonic, ni siquiera la propia Sega, y mucho menos mientras perviva la gloria de aquellos primeros cuatro juegos, entre 1990 y 1994, auténticos hitos que cambiaron para siempre la historia de los videojuegos.

3 comentarios:

alejandro vizcaino dijo...

Sorpresón enorme!!!!!

Estoy deseando que llegue el mes que viene para poder leer el de Super Nintendo.

Y antes de comentar el post, decirte que si quieres, tengo algún juego que otro de la Nes , por si te interesa hacer una reseña , pero vamos el mejor de todos es el Super Mario BROS 3 que puedes tener en la store por 5 euritos, o en el pack Mario ALL STAR de snes (mucho más recomendable).

Bueno vamos al lío, del top 10 de Megadrive, yo tengo algunos juegos, FIFA 95 y 96, un recopilatorio con 3 juegos, Virtua racing, uno de lucha de dinosaurios y principalmente el Aladin y el Sonic 1 y 2.

Sólo por estos 3 últimos merece la pena tener la máquina.

En primer lugar, decir que la Megadrive la he descubierto hace apenas un par de años, siendo totalmente Super Nintendero, si que tengo que reconocer que ha tenido juegos increíbles.

Creo que el principal fracaso de Sega en su lucha con Nintendo, fue por una parte el desfase tecnológico que empezó a arrastrar con Megadrive. Esta fue lanzada para luchar contra la Nes, pero era evidente, para todos menos para Sega, que la vida de la Nes no iba a ser mucho más larga. Por lo que Nintendo tuvo tiempo de sobra para preparar una máquina con calma y a la postre ganar la batalla.

Error que posteriormente volvió a cometer con Saturn (diseñada para juegos en 2d principalmente) y Dreamcast que directamente se olvido de cualquier sistema anti piratería y simplemente con compiar a “capón” los cds se podía jugar. Por no hablar de que salió con formato CD…

Esta mala gestión de Sega se suma al otro gran problema de la época. Tanto Snes como Megadrive, estaban continuamente comparandose en gráficos , potencia etc y mientras que Nintendo se centró en desarrollar juegos aprovechando la máquina, Sega se obsesionó tanto con superar en potencia a Snes, que vistió a su consola con miles de periféricos que no hacían nada más que molestar y engañar al consumidor. El mejor ejemplo, MegaCD con su Sonic CD, un juego que justifica el periférico por una Intro del juego de 2 minutos??.


Por otro lado, al no haber tenido en su momento una Megadrive, alguno de los juegos del Top, nunca los he jugado y otros nunca me llamaron la atención.

De los que he jugado, confirmar que para mi el Sonic 1 fue de los pocos juegos que en su época probé y que me hicieron desear una Megadrive, junto al Parque Jurásico. Pero el que me ha enganchado, hasta el punto de comprarlo y jugarlo en Iphone fue el Sonic 2. Matizar que ya en el Sonic 2 se podía jugar con Super Sonic , tenias que superar las fases de bonus y conseguir todas las esmeraldas y ale …

Otro juego, que me dejó sin habla era el FIFA, sobretodo por que el de Super Nintendo era horrible. Pero como buen fan del deporte rey, decir que no habia color con respecto al ISS DELUX de Snes. Pero remarcando que el juego de EA en Megadrive era increíble.

Y para mi otro que tampoco tienen que faltar es el Aladin, que fue muy distinto al de Snes pero mucho más bonito.

Para terminar, decirte que me ha encantado como siempre, poder leer estos posts y estoy esperando ansioso otro nuevo capítulo.







Anónimo dijo...

Super Nintendo jamás llegó a vencer la batalla de esta generación. Me atrevería a decir que con la diferencia de años entre la SNES y Mega Drive la Mega Drive no sólo le aguantó el tipo, sino que con Sonic 3D le ganó definitivamente la batalla técnica. SNES se benefició de la exclusividad y compromiso de marcas como Konami y Capcom, pero Sega demostró que con menos, a veces se hace lo mismo o mejor

Nacho dijo...

En respuesta al último comentario, creo que las cifras son bastante claras, y conste que he dejado bien claro que yo fui de Sega en su momento, así que lo que digo no está motivado precisamente por ningún fanboyismo. Super Nintendo venció en la batalla de las ventas, tanto de consolas como de juegos (50 millones frente a los estimados 37-38 de Mega Drive). Estoy de acuerdo en que Sonic 3D era un gran juego para tratarse del hardware de Mega Drive, pero sinceramente no creo que venciera en ningún aspecto técnico a joyas como Donkey Kong Country, Super Mario World 2, Killer Instinct y tantos otros. Poniendo ambos catálogos frente a frente, sumando no solo acuerdos de third party sino, muy especialmente, los juegos exclusivos first party, me temo que el de Super Nintendo fue superior en casi todo. Y ojalá fuera al revés, porque nada haría más feliz a mi orgullo seguero, pero...