domingo, 13 de mayo de 2012

Gritos en el espacio





En apenas unas semanas podremos disfrutar de la última película de Ridley Scott, Prometheus, que llega envuelta en una enorme expectación por dos motivos. En primer lugar, porque es la vuelta al género de la ciencia ficción de un director que con Alien (1979) y Blade Runner (1982) sentó las bases del propio género a principios de los 80. En segundo lugar, porque Prometheus es, además, una precuela de Alien. Y eso, en manos de Ridley Scott, permite cuando menos generar un nivel razonable de expectativas.

La historia de la saga Alien es en verdad curiosa. La primera parte, nacida al amparo de la pasión espacial que generó Star Wars, era en realidad una película de terror que dejó impactado a medio mundo por su escalofriante ambientación y la brutalidad de algunas de sus escenas (de todas ellas, la del nacimiento del alien en el pecho de John Hurt se lleva la palma, sin duda). La historia de una nave comercial donde sus tripulantes eran devorados uno a uno por una criatura alienígena de fabuloso diseño alcanzó un éxito monumental y, además de lanzar al estrellato al director, dio a conocer también a Sigourney Weaver, que con su teniente Ripley se convirtió en la primera gran heroína de acción del cine contemporáneo. 
Sin embargo, era tal la complejidad de este proyecto que la secuela estuvo aparcada durante años. Ni Scott ni Weaver se mostraban dispuestos a otra nueva aventura que pudiera empañar el buen sabor de boca de la anterior, así que finalmente la Fox contrató a James Cameron, que por entonces acababa de rodar una película de pequeño presupuesto llamada Terminator (1984). Cameron aceptó con la condición de que Weaver formara parte del proyecto y de que se le permitiera darle un giro al tono de la primera entrega.
Dicho y hecho: Aliens se convirtió en todo un fenómeno en 1986, con Ripley de vuelta al planeta de origen de su peor pesadilla en compañía de unos marines del espacio armados hasta los dientes. El resultado fue una película de acción sencillamente magistral, con momentos muy conseguidos y un nuevo alien, la reina, capaz de ponerle los pelos de punta al más valiente. Aunque luego se plagiaría a sí mismo en su aberrante Avatar, aquí Cameron estuvo más que inspirado en la creación de unos personajes sólidos y un diseño digno de contemplarse, con unas batallas que 25 años después siguen impactando como entonces.
A partir de ese momento, y tras la decisión de Cameron de no seguir vinculado a la saga, los productores se plantearon la posibilidad de rodar dos secuelas, la tercera y la cuarta, para explotar al máximo un filón que se antojaba infinito. Tenían muy en cuenta los desmanes que habían sufrido previos éxitos como Tiburón, cuyas secuelas habían evaporado cualquier asomo de prestigio que pudiera tener la primera entrega, y por eso se lo tomaron con toda la calma del mundo para pensar en nuevas historias y equipo de producción.
Finalmente, y tras muchos retoques de guión, la idea de las dos secuelas fue desechada y muchas de las ideas de los borradores fueron a parar en un planeta prisión donde caía la nave superviviente de la segunda parte que, sobra decirlo, iba bien cargada de pasajeros destructivos. Weaver aceptó protagonizarla, aunque no terminaba de verlo claro y estaba algo molesta por la eliminación de escenas que consideraba clave de la segunda parte, donde se profundizaba en su condición de madre. El encargado de dirigirla fue un por entonces desconocido David Fincher, que hasta entonces había hecho cortos y videoclips. 
El resultado, Alien 3 (1992), fue algo contradictorio. La película, una mezcla desequilibrada de thriller, acción y terror, tenía momentos de indudable fuerza (la escena de la enfermería o el momento final, por ejemplo) y unos buenos personajes (en especial Charles Dance, el médico de la prisión), pero a lo largo de toda la cinta planea la sombra de la tijera de producción. Gran parte del metraje que Fincher montó fue reeditado posteriormente sin su consentimiento, de modo que la versión estrenada en cine no se corresponde con la que él entregó. Y el montaje afectaba a situaciones clave, como el motivo de infección original que da lugar al alien o al desarrollo de algunos personajes que en su versión final queda algo deslabazados. Sin ser una mala película, Alien 3 desde luego no estaba a la altura de sus dos predecesoras ni, por supuesto, a la altura de lo que el público esperaba de ella.
Otros cinco años hicieron falta para rearmar de nuevo un equipo de garantías que fuera capaz de borrar el amargo regusto de la tercera entrega. Jean-Pierre Jeunet, director francés que había asombrado a medio mundo con La ciudad de los niños perdidos (1995), fue el encargado de llevar la batuta de una producción que, por primera vez, se rodó fuera de Inglaterra a instancias de una Sigourney Weaver a la que hubo que untar, literalmente, de millones para que aceptara ponerse de nuevo en la piel de Ripley. Jeunet pudo contar con su habitual director de fotografía Darius Khondji y con el gran Pitof para los efectos visuales, y la Fox le permitió contar con un reparto plagado de caras conocidas, con Winona Ryder, Ron Perlman y Brad Douriff en los papeles principales.
Alien resurrection (1997) supuso, en la línea heterogénea de las anteriores, un nuevo cambio genérico, esta vez en favor de la comedia negra de acción. Su diseño es tan o bueno o mejor que el de la primera entrega, y el intenso ritmo de la historia no da lugar a esos molestos vacíos que plagaban Alien 3. Aunque el punto de partida pueda parecer algo flojo (la recreación genética, 200 años después, de la fallecida teniente Ripley con objeto de extraer el alien reina que incuba en su interior), lo cierto es que la historia se mueve en territorios inusuales en la saga, con una Ripley genéticamente alterada hacia los aliens muy provechosa para la trama. La escena en la que contempla a sus anteriores intentos de recreación genética o el nacimiento del híbrido entre hombre y alien son dos momentos espeluznantes, muy en esa línea que el público echaba de menos en una de sus sagas favoritas. 

Al margen de esto, quizá el mayor de los defectos de esta saga haya sido la falta de juicio a la hora de sentar las bases de la historia. Ripley era un gran personaje para la primera película, y quizá en la segunda no desentonara demasiado, pero lo que realmente quería ver la gente no era a Sigourney Weaver corriendo por un pasillo oscuro, sino al alien que la perseguía en una buena historia. El mayor defecto de la tercera y cuarta entrega es darle a Ripley más importancia que a los aliens, a su origen, a su desarrollo y a sus posibilidades. El monstruo de esta franquicia es un depredador de una inteligencia, fuerza y recursos infinitos, y con una historia decente a sus espaldas cualquier público se hubiera olvidado por completo de Ripley, porque es precisamente la capacidad de seducción del monstruo la que atrae al público a las salas. Ridley Scott ha defendido siempre ese argumento, y por eso traslada la acción de su nueva película antes del nacimiento de Ripley. Es una apuesta valiente que, contando con un gran reparto y al guionista de Perdidos, entre otros, esperemos que dé el resultado adecuado.

Y es que tras quince años donde las únicas noticias que hemos tenido de alien son esas aberraciones donde se enfrentan a los inefables Predators, parece que la Fox se ha decidido al fin a retomar el asunto con garantías. Vuelve Scott, vuelve parte del equipo de producción original y, sobre todo, se toma un punto de partida de la historia que permite oxigenar un poco una trama demasiado insistente en el correcalles de Ripley. Tanto los vídeos virales como los tráilers que se han avanzado anuncian una película frenética y apasionante, que llega en un buen momento para recordar la que ha sido, con diferencia, una de las sagas más influyentes en la historia del cine moderno. Cada una en su género y a su manera, las cuatro entregas de Alien son películas muy entretenidas, y en especial las dos primeras son obras maestras del terror y la acción, respectivamente. Ojalá Prometheus sea un digno sucesor de esta herencia y nos vuelva a hacer gritar como posesos en el espacio.


No hay comentarios: